viernes, 12 de enero de 2018

El desaparecido Hotel París, República del Salvador 91, CDMX

   De los recuerdos que, en materia de viajes, tengo como el más antiguo es aquella vez, en enero o febrero de 1963, fui con mi mamá y seguramente uno de mis hermanos a la ciudad de México y nos hospedamos en el Hotel París, que se localizaba en la calle República del Salvador, en el número 91 para ser precisos y la habitación tenía una ventana que daba a la calle, estaba al lado izquierdo del edificio y para llegar allí usábamos un elevador, de esos reja, que hacen mucho ruido cuando cierran y cuando comienzan a ascender. 

   Ese elevador era operado por un elevadorista que portaba uniforme. El edificio ahora está ocupado por la Farmacia París. Esta vez que pasaba por ahí enfrente husmeé un poco y alcancé a ver, al fondo lo que seguramente fue en su momento la recepción.

   Esas idas a México incluían una comida en el Café la Blanca y eternos paseos por las atiborradas calles del centro de México, ese que ahora conocemos como Centro Histórico. Quizá fue entonces que nació mi afición por recorrer con calma las calles llenas de historia, llenas de edificios espectaculares y cada vez más llenas... de gente.

   No tengo mayores datos del Hotel París, de cuándo se abrió o de cuándo se cerró, lo único que recuerdo es que allí fue el primer hotel que conocí en mi vida.


¿A qué corresponderán las iniciales SJ?

jueves, 11 de enero de 2018

Futura CDMX, el novedoso museo de la Ciudad de México.

    Lo anoto una vez más: siempre hay algo que me sorprende en la Ciudad de México. Esta vez descubro el museo más nuevo y, además, novedoso que hay. No había oído nada acerca de él, la sorpresa fue grande. El sábado que, luego de terminar el ecuadernado de los primeros ejemplares de mi libro, lo tomé como día de asueto, así que enfilé (en trolebús) hacia el centro histórico, luego de una docena de estaciones no aguanté más la cantidad de gente que abarrotaba el carro y me bajé, justo en la estación Salto del Agua, rumbo que más o menos conozco y comencé a caminar.

   Andaba en el Eje Central, avenida Lázaro Cárdenas que antes se llamaba San Juan de Letrán, entré a la minúscula capilla, al salir tomé la acera oriente, caminaba rumbo norte. En la primera calle doblé pues la parte trasera de las Vizcaínas me atrajo como imán, una serie larga de "accesorias" (así se le llamaba en época virreinal a lo que conocemos como locales), todas con su respectiva puerta y balcón pero ya no en uso, al menos eso aparentaban desde la calle... llegué a un punto en el que, al fondo se veía una construcción nueva, de ladrillos de color no habitual, parecía un obraje del siglo XIX pero, al entrar, en su interior lo que había era arquitectura moderna, del tipo inteligente, en el que los espacios y elementos tienen una unción específica que forman parte del novedoso diseño.

   Al fondo de se enorme lobby había una recepción, me dirigí para allá y pregunté que de qué se trataba el lugar. Me explicaron que estaba en Futura CDMX, museo interactivo en el que, con tecnología avanzada se mostraba a la ciudad tal cual es, a escala y con datos estadísticos, primero entraría a la sala que alberga la monumental maqueta de la ciudad, luego habría una proyección y después pasaría a la sala interactiva. Había un pero, las horas de acceso son cada hora en la hora, esperé un poco y entré para sorprenderme de lo que los sistemas audiovisuales son en la actualidad.
 
   La ciudad la conozco bien, no a la perfección pero me sé orientar y ubico la mayoría de las cosas, ver la maqueta me ayudó a entender mejor aun, cómo es que está distribuida. La experiencia es bastante buena y, en la planta alta, con las pantallas que muestran datos estadísticos nos hacen ver la posición que la ciudad tiene en comparación a varias metrópolis del mundo.

   La visita la recomiendo ampliamente y, para que llegues con más información y aproveches mejor lo que allí se muestra, entra en el sitio oficial y empápate del tema.











miércoles, 10 de enero de 2018

Del obsesivo grafiti y el interesante arte urbano en la Ciudad de México

   El abanico que se abre con el Arte Urbano en cualquiera de sus expresiones bien sirve para engrandecer que para entorpecer un espacio. Igual ayuda a volver bello un espacio olvidado que ensuciar un espacio habitado. De pronto hay una creación colorida e interesante que una obsesiva expresión que solo quien lo pinto lo entiende. De pronto hay un respeto al espacio que todo se vuelve armónico que una violación a un patrimonio cultural que más bien es ofensivo, como el que vemos en la imagen.


   Hay un límite, y cuando son expresiones bien artísticas que sirven para engalanar la zona, serán bien recibidas, pero hay otras que mejor sería evitarla. El caso es que el abanico está ya abierto y será cosa de ver hacia donde queremos voltear y admirar lo que valga la pena, lo demás, como tantas otras cosas en la enorme Ciudad de México, pasarán desapercibidas.