jueves, 31 de octubre de 2013

Casi llegando al Mictlán en el panteón de Temacapulín, Jalisco.

  Fue en los días del recién pasado y ardiente (en el más estricto sentido de la palabra), que, andando por los Altos de Jalisco, fui a conocer un pueblo del que mucho se hablaba debido a la amenaza de que estaba condenado a desaparecer inundado, una vez que se concluyera la Presa del Zapotillo y se llenara el vaso de la misma. El pueblo lleva por nombre Temacapulín. Esto digo que era, pues hace poco notificaron que la cortina de la presa no será de tal altura que llegue a inundarlo. Así pues, andando por allí, vimos que en el límite norte de la población se levantaba una pequeña colina, encima se veía un muro y una puerta, en forma de arco como entrada, así que, hacia allá nos dirigimos.

  Era un día de alta humedad, había una formación de nubes que de pronto dejaban pasar los rayos del sol y, a ratos, los ocultaban, provocando con esto sombras muy marcadas, el calor era intenso, la hora en que andábamos por ahí era en la que se siente más aun, las dos de la tarde, ya para las tres comenzamos a subir la colina, fue ligeramente pesado pues, cuando llueve, debido a la inclinación, los deslaves son fuertes, como quiera, en zig-zag, como subiendo una pirámide, llegamos a lo alto y desde allí se dominaba la vista completa del pueblo y parte del cañón por donde pasa el río Verde.

  Dicen que para llegar al Mictlán hay que recorrer un largo camino en donde varios inconvenientes se presentan, por eso la necesidad de llevar a ese chihi o escuincle, para que vaya guiando al difunto, de pronto, lo menciona Francisco Javier Clavijero en su Historia Antigua de México, "...pasarás sin peligro por ente los dos montes...(...) irás con seguridad por el camino que defiende la gran serpiente.... (...) te servirá de amparo en el pasaje de los ocho desiertos..." y, mal que bien, al ir subiendo esa inclinada colina, al llegar a la puerta, bien me dio la sensación de estar justo a la entrada del Mictlán.

   Y la gran sorpresa fue llegar allí, cruzar el arco y ver que dentro del recinto había solamente una tumba, la de un sacerdote, con su busto por un lado, nada más, el resto del cementerio había sido trasladado a otro sitio, seguramente para evitar que los restos desaparecieran algún día por el deslave... fue algo excepcional, y que mejor que compartirlo contigo hoy, que estamos ya en la víspera de Todos los Santos y la antevíspera del Día de Muertos... Hago una aclaración para los puristas de la historia, ellos dirán que estoy en un error al ubicar el Mictlán en una colina, dado que ese era el inframundo, es decir, que estaba debajo de la tierra. Sí, en efecto, lo mío es solamente una interpretación alegórica del concepto.
















 Para quienes no ubica bien el lugar en donde se encuentra Temacapulín, Jalisco, en este enlace lo podrás ver con claridad.

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