lunes, 1 de mayo de 2017

Mi fascinación con los archivos históricos

  Luego de ocho años y medio de publicar diariamente en este Bable nos queda más que claro que tenemos una fuerte afición a la Historia de México, más aun a aquello que definió el michoacano González y González como "micro historia", pues me liga aun más con el pasado leer documentos que hablan de lugares que me son sumamente familiares.

  Acariciar la historia, como llamo al acto de tocar (con guantes) documentos con 100, 200, 300 o más años (el más antiguo que he visto es de 1622), me transporta en el tiempo, me hace ver lo que era la vida en esos ayeres y, ocasionalmente, entender cómo se vivía la vida cotidiana en el día a día...

  Abrir cada libro, cada paquete, conlleva una sorpresa. Un pleito de posesión de tierras, una amonestación matrimonial... de pronto un personaje del que ya hemos leído sobre sus andares, una orden del Señor Obispo, un castigo impuesto a alguien que alteró la paz social... la venta de un esclavo y tantas, tantas cosas más que me ponen en el momento y la circunstancia.

  Quisiera tener mayor capacidad de lectura... mayor entendimiento de leyes y costumbres del XVII y XVIII para ir dilucidando lo que cada documento presenta pero eso... eso lleva tiempo y no hay que correr, esa es una de las grandes enseñanzas que he tenido en esta mi carrera autodidacta de historiar. De documentar la historia. Veamos algunas curiosidades...

  Como estos lienzos de algodón de fina trama que servían para proteger documentos importantes, quedan aun ratos del lacrado.

  El papel que se usaba en la época... con unas marcas de agua impresionantes.

  La cantidad de tiempo acumulada en cada documento es, en ocasiones, notoria...

  Una especie de "tarugo" de cuero para cerrar el libro.

 La belleza de los sellos...

 ...insisto...
Todo está dicho con este ahora llamado "like".

  Hoy me espera una larga jornada... un viaje por el tiempo...


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