lunes, 27 de marzo de 2017

La gestación y el número 9 en el calendario litúrgico

   Yo no me dedico a evangelizar, creo los asuntos religioso es cosa bien personal; lo que sí comento es algo que veo asociado a la religión Católica que relaciona el calendario litúrgico con precisiones astronómicas salpicada de matemática... más bien aritmética y la presencia de ciertos números es continua. En este caso el 9, no sé si lo habrás notado, es cosa simple, es cosa de vida pero, como a lo religioso regularmente no le ponemos atención, quizá no lo has visto, acaba de suceder, apenas hace dos día (hoy es 27 de marzo) y fue el día de la Anunciación.

   Es el Arcángel Gabriel el encargado de dar la noticia a María. La noticia es un embarazo, se entiende que fue en ese evento cuando ocurre el inicio de la gestación, la cual dura 260-270 días que son 9 lunas, es decir, 9 meses; si el Nacimiento de Jesús ocurre el 25 de Diciembre, 9 meses antes se marca la Anunciación. Y el cosmos se manifestó recién (20 de Marzo) con un Equinoccio, y se manifestará dentro de 9 meses, el 21 de Diciembre con un Solsticio. 

   Y ocurrirá también con San Juan Bautista, aquel que dijo "el que viene atrás de mí..." ¿por qué atrás, a que se refiere? Pues porque el calendario litúrgico establece su Natividad (el nacimiento) el 24 de Junio, y el solsticio de Verano es unos días antes, esa es la razón de la frase; que Jesús nace 6 meses luego del Bautista, pues "venía atrás", por así decirlo.

  Igual sucede con María, su Natividad es el 8 de Septiembre, festividad conocida como Nativitas y mueve meses antes, el 8 de Diciembre fue su concepción, de ahí la fiesta de la Inmaculada Concepción. No sé si lo habías notado, esas precisiones, en este caso de gestación dentro del calendario de las fiestas y celebraciones litúrgicas. Me parece sumamente interesante, quizá hay alguna otra que no he localizado aun, será cosa de analizar una vez más, el santoral y el Calendario del más Antiguo Galván.

En cuanto al tema de la Anunciación en el arte, te recomiendo entrar aquí.

domingo, 26 de marzo de 2017

De pagos, derechos y… abusos eclesiásticos en el México Virreinal

   La escena, desgarradora, que presenta una película de tema virreinal que lamentablemente no recuerdo su nombre, está una pareja de indígenas con el cadáver de su niño pidiendo al padre que por caridad, le diera santa sepultura; él les dice que al no haber el pago correspondiente no lo hará. Ellos suplican, se arrodillan… Entiendo que es la recreación del modo de vida del XVII o XVIII, entiendo también (lo he visto en archivos históricos) que había una buena cantidad de entierro “de limosna”, especialmente en época de epidemias. Y también recuerdo que la realidad supera siempre a la ficción.

   Fueron 3 siglos y medio de imposición religiosa, la idea de la muerte y, sobre todo, la idea de las penas del purgatorio precedían todo comentario, toda misa, y todo el contenido visual que había en los templos, así que viviendo en el temor a las penas corporales “de por vida”, es decir, una vez muertos y pagando en el purgatorio por los pecados terrenales, el negocio de la muerte, es decir, de los entierros y sus “pompas” fue cantera de la que se obtenían pingües ganancias. Con esa idea comparto el siguiente texto que, al no tener acceso al libro completo, solo a dos páginas, presumo es a finales del XVII, principios del XVIII y corresponde al Obispado de Guadalajara.

   “Derechos de entierros y funerales: de un entierro de español con cruz alta, capa y misa cantada, de obligación veinticuatro pesos y cuatro reales, y las partes han de ofrendar de obligación a su voluntad. De un entierro de niño español con cruz alta y capa trece pesos; y si las partes lo pidieren de cruz baja, ocho pesos y cuatro reales. Por un entierro de mestizos, mulatos y negros libres, de cruz baja diez pesos con obligación de misa rezada. De un entierro de español de cruz baja con misa rezada, doce pesos. De un entierro de mestizos, mulatos o negros libres, con cruz alta y capa dieciséis pesos con obligación de misa rezada. De un entierro de niño, hijo de mestizo, negro o mulato con cruz alta y capa, nueve pesos. De un entierro de indio laborío, negro o mulato esclavo con cruz alta, doce pesos; si fuere con cruz baja y sin capa ocho pesos, con la obligación de misa rezada. De las posas [parada que hace el clero cuando se lleva a enterrar un cadáver para cantar el responso], si las tuviere en cualquiera entierro, le toca al cura doce pesos y vela de a libra, con obligación de responso cantado. De la capa en cualesquier entierro, un peso separado de los derechos de arriba y en todos los entierros vela de a libra. Por la vigilia en cualesquiera entierro cuatro pesos y candela. En el responso a los diáconos un peso y vela de a media libra y si se ofrecieren la misa, otro peso. Advierte que la cera se pone en los túmulos y entierros y musa de cuerpo presente, se reputa por ofrenda sacada la octava parte para el sacristán, portan el cura y fábrica de mitad. Por cualquiera misa rezada se ha de dar de limosna un peso; por cualquiera misa cantada de conmemoración de difunto o vigilia, ocho pesos al cura y su fuere con vigilia o víspera, doce pesos, y su fuere con diácono, lo que para esto está asignado, y a todos tres preste y diácono en las misas de difunto candelas en los responsos y se han de ofrendar éstas de obligación en lo que las partes quisieren. De un entierro de un niño hijo de indios laborío, negro o mulato esclavo con cruz alta y capa, nueve pesos, y si fuere de cruz baja, seis pesos y se advierte que el cura no ha de compeler a las partes a que los traigan a la iglesia el cuerpo estando en el lugar sino que ha de ir por él. Adviértase que el cura ha de cobrar los entierros que se hicieren dentro de su beneficio y de sus feligreses es a saber, indios laboríos y otros sirvientes de los vecinos, aunque se entierren en otras iglesias porque no se les usurpen sus derechos”.

   “Por el novenario de misas rezadas de testamento, a dos pesos por cada una con su responso. Y por las misas cantadas del novenario a ocho pesos por cada una con su responso, y en cada una candela de a libra, y a los diáconos de a media, y si fueren con vigilia estas misas pagarán por cada vigilia cinco pesos al cura, y a los diáconos la tasa que queda referida, y se ha de ofrendar la última misa, y la cera se ha de partir como queda dicho. Por un párvulo mulato libre, nueve pesos al cura”.

   “Derechos de sepulturas: el territorio de la iglesia parroquial se divide en cinco partes. La primera, de las grada del altar mayor para abajo, y a ésta le corresponde sepultura de cincuenta pesos. Y la segunda, de veinticinco pesos. A la tercera de diez pesos. A la cuarta de cinco pesos. Y a la última, que es abajo del coro, tres pesos. Y en el cementerio o lonja, doce reales.

  “Misas: por la misa y vigilia de aniversario anual de las ánimas quince pesos al cura, y esta cantidad en cada aniversario de las demás cofradías, se le da al cura y diácono la tasa que queda referida. Por la misa cantada de los lunes por las ánimas con su responso cantado, tres pesos y cuatro reales de cura y otros tantos cada sábado por la de la Virgen, y así de las demás cofradías. Para lo del Santísimo Sacramento, cinco pesos y cuatro reales del cura. Por la misa cantada, vísperas y procesión de la festividad principal de nuestra Señora, que celebra la cofradía, trece pesos; y por las demás cantadas que por otras festividades celebra otra cofradía ocho pesos al cura. Por las misas cantadas de la infraoctava de Corpus, que suelen celebrar los devotos voluntariamente, ocho pesos por cada una siendo obligación del cura la del día solo. Por las de aguinaldo, a seis pesos cada una de la limosna que se juntare para ellas, y si sobrare se aplique a la cofradía.” (1)


Fuente:

1.- Jiménez, Alfredo. El gran norte de México: Una frontera imperial en la Nueva España 1540-1820. Editorial Tebar. Madrid, 2006.  pp. 258-359

sábado, 25 de marzo de 2017

El antecedente romano del Camino Real de Tierra Adentro

  La llamada "Globalización" se dice que -en cuanto al término- fue creado por Ernesto Zedillo (quizá estoy confundido), y se considera como una aportación de la última década del siglo XX a la humanidad, pero creo que eso tiene una raíz mucho más profunda que bien se puede perder en la noche de los tiempos pero, para no escarbar tan profundo, solamente nos vamos dos milenios y medio hasta la época del Imperio Romano cuya cultura bien podemos pensar es en donde se basa buena parte de la mexicana, en el entendido de que me refiero a la raíz que tenemos que nos viene de Europa, ya que aquí en el Nuevo Mundo tenemos la propia. Somos producto de un mestizaje no de dos, no de tres, sino de una buena cantidad de mezclas, quizá de una globalización de ideas.

  Uno de los temas que con frecuencia tratamos en este Bable es el Camino Real, enfocándonos al de Tierra Adentro que está basado en las vías que los Pochtécatl fueron trazando para desarrollar su comercio en el antiguo México pero, siendo bien específicos en el de Tierradentro y que fue construido con la idea europea, encuentro que el origen está en la Calzada Romana que incluía, al igual que en Tierra Adentro, las Ventas, Mesones, Postas, Puentes y varios elementos que ligan la primera etapa del Virreinato Novohispano, con el Imperio Romano del siglo I, II y III. Todos los textos que siguen a continuación los tomé de Wikipedia (yo sí tengo fe en ella).

  "La calzada romana era el modelo de camino usado por Roma para la vertebración de su Imperio. La red viaria fue utilizada por el ejército en la conquista de territorios y gracias a ella se podían movilizar grandes efectivos con una rapidez nunca vista hasta entonces. En el aspecto económico desempeñó un papel fundamental, ya que el transporte de mercancías se agilizó notablemente. Las calzadas también tuvieron gran influencia en la difusión de la nueva cultura y en difundir por todo el Imperio la romanización. El Itinerario de Antonino, del siglo III, es la fuente escrita que mayor información nos aporta sobre la red viaria romana.

  Unían las ciudades de todos los puntos de Italia y después del Imperio con los centros de decisión políticos o económicos. Los viajes eran fáciles y rápidos para la época, gracias a una organización que favorecía una relativa comodidad para sus usuarios. Pensadas, primero, para uso militar, serán el origen de la expansión económica del Imperio, y después de su final, facilitando las grandes invasiones de los pueblos bárbaros. (Wikipedia.)

  "El llamado Itinerario Antonino o Itinerario de Antonino Augusto Caracalla es un documento de la Roma antigua, que se supone redactado en el siglo III, en el que aparecen recopiladas las rutas del Imperio romano. De este itinerario solo se conserva la copia procedente de la época de Diocleciano (siglo IV). A pesar de su nombre, no parece que tenga relación con el emperador Antonino Pío, sino más bien con Marco Aurelio Antonino, conocido como Caracalla, que gobernó desde el 211 hasta el 217, y en cuyos tiempos se habría empezado a compilar el itinerario, que sufrió numerosas modificaciones a lo largo de los siglos III y IV (por lo que también es conocido como "Itinerarios Antoninos").

  En cada ruta se identificaban mansiones, correspondencias y millas. Por sus características e indicaciones, parece más ideado con el fin de facilitar la localización de los núcleos de población con fines recaudatorios que como ayuda al viajero. A pesar de ello, las indicaciones sobre distancias del citado itinerario han permitido localizar una gran multitud de emplazamientos desaparecidos por toda la antigua red de vías romanas, así como de algunas calzadas romanas no documentadas por otras fuentes.

En la imagen: "se señalan 372 rutas, de las cuales 34 corresponden a las Provincias de Hispania (del n.º I al n.º XXXIV). (Wikipedia.)

  "En la Roma antigua, una mansio, que proviene del latín mansus forma verbal derivada de manere (que significa "lugar donde pasar la noche durante un viaje"), era una parada oficial en una calzada romana, mantenida por el gobierno central para el uso de oficiales y hombres de negocios a lo largo de sus viajes por el imperio. A lo largo del tiempo fueron adaptadas para acomodar a viajeros de toda condición, incluso al emperador. Las mansiones estaban bajo la gerencia y supervisión de un oficial denominado mansionarius". (Wikipedia.)

 "En la Antigua Roma, una taberna (del latín taberna, plural tabernae) tenía varias acepciones. Originalmente, designaba una choza o cabaña que posteriormente se dedicaría a depósito y que pasarían a ser genéricamente tiendas. Estas tabernae se situaban generalmente en los bajos de las insulae, abiertas a las vías principales de las ciudades. Los locales, individuales, con gran portada, solían estar cubiertos con bóveda de cañón y disponían una ventana encima de ella para que entrara la luz a una buhardilla de madera que servía de almacenamiento. Se puede apreciar este modelo en los grandes mercados romanos, como en el famoso de Trajano en Roma, construido entre los años 107 y 110 por Apolodoro de Damasco. En este mercado, las 150 tiendas o tabernae estaban distribuidas entre sus cinco pisos.

  Era una parada en una calzada romana donde descansar o pasar la noche, para viajeros algo más pudientes que requerían algo más refinado que las cauponae. En los primeros tiempos de las calzadas, las casas situadas cerca de alguna calzada eran obligadas por ley a ofrecer hospitalidad al que lo requiriera. No hay duda de que las casas más frecuentadas se convirtieron muy pronto en las primeras tabernae, las cuales eran más parecidas a "hostales" que a las "tabernas" como las concebimos actualmente.

  Como Roma crecía, sus tabernae se volvieron más lujosas, adquiriendo buena o mala fama según sus servicios. Uno de los mejores hoteles fue la Taberna Caedicia en la Vía Apia. Muchas ciudades crecieron a lo largo del tiempo alrededor de un complejo de tabernas, como es el caso de Tawer en Renania, Alemania, Tafers en Suiza y Saverne en Alsacia, Francia, cuyos nombres se derivan asimismo de la palabra taberna". (Wikipedia.)

  "En la Roma antigua, una mutatio era una parada o establecimiento en una calzada romana, para descansar y dar servicio a los animales que se utilizan como transporte. Las mutationes eran el lugar para cambiar de caballos y tomar otros de refresco, así como para efectuar las reparaciones necesarias en el vehículo. Estaban localizadas cada 12-18 millas. En estos complejos, el conductor podía adquirir los servicios para ajustar las ruedas, el carro, conseguir las medicinas o un veterinario para sus animales, dar descanso y avituallamiento, o para el cambio de caballerías. Usando estas estaciones y haciendo relevo de carros, el emperador Tiberio recorrió 300 millas en 24 horas para visitar a su hermano Nerón Claudio Druso, que estaba muriendo de gangrena tras caerse de un caballo. Existían cuatro o cinco mutationes por cada mansio". (Wikipedia.)


viernes, 24 de marzo de 2017

El centro-norte de México y la presencia del pueblo Chichimeca

  Hace poco alguien dijo que yo no escribo, sino que escribo para leer. El comentario me pareció poco claro y entendí que quien lo dijo no me entiende o sólo vio una o dos de mis publicaciones. Por si acaso lee esto que hoy comparto agregaré a su comentario que yo sí escribo y que también transcribo pues bien puedo dar mi punto de vista sobre tal o cual tema, pero, en este mundo que se me (nos) abrió con la implementación de las bibliotecas digitalizadas bien podría dar el enlace a la obra, pero, en aras de eficientar el tiempo al lector solo transcribo y, más importante aún, comparto lo que creo es interesante y se relaciona con los temas que trato en El Bable. Dicho lo anterior, pasemos a la lectura de hoy, asociada a Chichimecas.

  “El área Norte-Centro comprende básicamente el altiplano con exclusión del Valle de México. Asimismo, se excluye el actual estado de Michoacán, tierra de los tarascos, que se resistieron con éxito a la expansión azteca. Excepción en el paisaje árido y desolador del altiplano es la región del Bajío, a caballo entre el norte de Michoacán y el sureste de Guanajuato, una cuenca fértil cruzada por el Lerma y sus afluentes. El Bajío, sin embargo, esa tierra chichimeca para los tarascos. Igualmente, fue en los primeros años frontera de guerra para los españoles, que fundaron presidios y ciudades, para proteger el camino a las minas del norte. Más allá del Bajío se extiende la tierra seca e interminable de la Mesa del Norte.

  El Norte-Centro de México coincide bastante con los reinos o provincias de Nueva Galicia y Nueva Vizcaya. Fue “la tierra de guerra” por antonomasia, el escenario de los primeros descubrimientos de mineral de plata y de las rebeliones más numerosas y violentas.

  "Los cuatro grupos indígenas principales de la Gran Chichimeca, según la delimitación de Powell, eran los pames, guamares, zacatecos y guachichiles. Los pames eran los menos belicosos y los más próximos a la ciudad de México aunque esencialmente nómadas habían adquirido de los otomíes algunos rasgos culturales que los diferenciaban de sus vecinos. En los primeros años, tras los descubrimientos de plata en Zacatecas, se limitaron al robo de ganado respetando generalmente la vida de los españoles. En la década de 1570 se hicieron más belicosos causando muertes e incendios en gran escala. Los guamares se centraban en la sierra de Guanajuato, pero llegaban por el norte hasta San Felipe (Guanajuato), por el este casi hasta Querétaro, a veces tan al sur como el río Lerma, y por el noroeste hasta Aguascalientes. Según las fuentes españolas, formaban una especie de confederación intertribal y estaban considerados como los más valientes, belicosos y traidores de todos los chichimecas, aunque estos calificativos los aplicaban los españoles a todas las tribus chichimecas. Los zacatecos eran más próximos a las nuevas minas de plata, su territorio se solapaba con el de guachichiles y tepehuanes, vagaban en contacto con los irritas. Los zacatecos eran nómadas en su mayoría, valientes y temidos por otras tribus. Los guachichiles ocupaban más territorio que cualquiera de sus vecinos, eran especialmente belicosos y valientes, y se movían desde Saltillo, en el norte, hasta San Felipe al sur, y desde la división de la Sierra Madre Oriental hasta la ciudad de Zacatecas. Su principal centro era el Tunal Grande, la comarca donde se fundaría San Luis Potosí. La situación al norte de guachichiles y zacatecos era especialmente confusa en el siglo XVI. Las lenguas recogidas por las fuentes son tantas que la gran mayoría debieron ser dialectos cuyos nombres servían para denominar “naciones”, según la terminología de los españoles, aunque apenas se diferenciaban entre sí por su cultura. Algunos de estos grupos eran los laguneros, tobosos, cacaxtes, conchos, chisos. Muy al norte sobrepasando los límites de Chihuahua, estaban jumantos, sumas, mansos, janos y jacomes.

  Las semejanzas en la economía y organización social de los chichimecas permiten una descripción general a pesar de su amplia distribución geográfica. Vivían desnudos o apenas se cubrían con algunas pequeñas prendas hechas de piel. Hombres y mujeres llevaban el cabello largo, hasta la cintura. La pintura y el tatuaje servían para distinguir una tribu de otras, y a veces los hombres de las mujeres. Se cobijaban en cuevas o en simples chozas de materia vegetal. Se alimentaban de tunas, mezquite, bellotas, raíces y semillas de caza y algo de pesca. Todo lo aprovechaban, desde gusanos, serpientes y ratas hasta ranas, conejos, venados y aves. A su tiempo, incluyeron en su dieta la mula, el caballo y el ganado que habían introducido los españoles. El jugo del agave sustituía al agua en caso de necesidad. Prestaban alguna forma de culto a los astros, a deidades animales y a ciertos árboles y hierbas. El ritual  religioso se aplicaba a los muertos, a los cautivos y a un cierto canibalismo. La organización social no iba más allá de la tribu, generalmente más pequeña en el norte del área que en el sur. La familia y la ranchería eran unidades básicas, predominando la poligamia en el norte, y la monogamia en el sur. La presencia de los españoles y de los indios sedentarios fortaleció la cohesión social y favoreció al acercamiento entre algunas tribus contra un enemigo común” (1).


Fuente:

Jiménez, Alfredo. El gran norte de México: Una frontera imperial en la Nueva España 1540-1820. Editorial Tebar. Madrid, 2006. pp. 83-86


jueves, 23 de marzo de 2017

De pulperías, tiendas y clasificaciones en el arte de comerciar

  Esta historia o relato si prefieres llamarlo así, comienza hace unos seis meses cuando, al hurgar en el AGN encuentro un Listado de Pulperías en la Villa de Salamanca, la referencia lo indicaba incluido en la sección de pulques, así que imaginé lo que encontraría en el documento eran los nombres de las Pulquerías establecidas en la localidad, pero, al tenerlo ya en mi mano leo Pulpería, de pulpa; al recurrir al diccionario antiguo veo que era la forma de referir a eso que hoy conocemos como abarrote. Ya antes, andando por unos pueblos del norte del Estado de México, llamó mi atención que muchas de los abarrotes eran denominados como Lonja, luego recordé que una vez alguien, extranjero, me dijo algo sobre un Emporio que su familia tenía refiriéndose también a una tienda. Así que, veamos algunas definiciones de esto que es el arte de comerciar.

RAE. Diccionario de Autoridades - Tomo V (1737)

PULPERIA. s. f. Tienda en las Indias, donde se venden diferentes géneros para el abasto: como son vino, aguardiente y otros liquores, géneros pertenecientes a droguería, buhonería, mercería y otros; pero no paños, lienzos ni otros texidos. Latín. Communis taberna, vel caupona. RECOP. DE IND. lib. 4. tit. 8. l. 12. Dexando en cada Lugar de Españoles de las Indias, las pulperías que precisamente fueren necessarias para el abasto, conforme a la capacidad de cada Pueblo.

RAE. Diccionario de Autoridades - Tomo IV (1734)

LONJA. s. f. El sítio público, donde suelen juntarse los Mercaderes y Comerciantes, para tratar de sus tratos y comercios. Sale del Latino Longus, a, um, por ser siempre espaciosas y prolongadas. Latín. Emporium. MORGAD. Hist. de Sev. lib. 2. cap. 13. La nueva lonja de Mercaderes, que tambien se vá labrando a toda priesa ... será assimismo después de acabada uno de los famosos y heróicos edificios de todo el Orbe.

Diccionario de Autoridades - Tomo IV (1734)

LONJA. Se llama tambien la tienda donde se vende cacáo, azúcar, especias y otros géneros. Latín. Taberna mercium. CERV. Persil. lib. 4. cap. 7. Entraos conmigo en esta quadra, que quiero enseñaros mi lonja, y un camarín.

Diccionario de Autoridades - Tomo VI (1739)

ULTRAMARINO, NA. adj. que se aplica à lo que está, ò se considera del otro lado, ù à la otra parte del mar. Lat. Ultramarinus, a, um. Transmarinus. ORDEN. MILIT. Año 1728. lib. 3. tit. 1. Artic. 2. Comandantes Generales de las Provincias ultramarinas. QUEV. Cult. Alabé sin qué, ni para qué la fatiga de los ultramarinos.

Diccionario de Autoridades - Tomo III (1732)

EMPORIO. s. m. Qualquier Ciudad donde concurren para el trato y comercio muchas y varias Naciones de todas partes. Es voz tomada del Latino Emporium. MOND. Dissert. 2. cap. 4. Se hallaba en Athenas ... venerada como empório de las ciencias, de los mismos Romanos

  Lo del Abarrote se complica un poco pues el término es más bien marino y va asociado al abasto, lo cual en el referido diccionario lo define como: La provisión conveniente y necessaria para el mantenimiento comun de algun pueblo. Viene del verbo Bastar. Lat. Rei frumentariae, vel aliarum quarumcumque rerum copia, abundantia. Y de la tienda de "Conveniencia" no creo sea adecuado incluirla en esta relación pues hace su aparición en México ya comenzado el siglo XXI.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Los Chichimecas, el pueblo menos conocido del antiguo México

   Es un pueblo desconocido porque siempre hemos especulado en torno a él y poco nos hemos atrevido a estudiarlo. Si entender la civilización Azteca, Maya, Tolteca u Olmeca, es complicado, más aun a los Chichimecas que, siendo un pueblo derrotada y en el entendido de que son los triunfadores quienes escriben la historia; creemos es poco lo que hay de ellos… más bien, poco interés le hemos puesto en entender lo que fue el confuso periodo mexicano en el “principio de los tiempos” por pretender colocarlos en algún momento del ahora llamado time-line.

 En este Bable ya dimos cuenta de algunos datos, como que al decir “Chichimeca” estamos englobando a una cantidad grande de pueblos, sesenta en número, si mal no recuerdo, pero, al haber pocas fuentes que nos den datos precisos de la grandeza Chichimeca, caemos en el coloquial “chichi” y su significado y de que eran nómadas, punto. Pero más bien deberíamos poner un punto y coma y tratar de entender lo que fueron. Para ello colaboro transcribiendo esto que Clavijero nos dejó como herencia de veracruzano que fue a morir por caprichos o intereses del “Rey de las Españas” y sus días terminaron en Bolonia, Italia.

  “Con la destrucción de los Toltecas quedó solitaria y casi enteramente despoblada la tierra de Anáhuac, por espacio de más de un siglo, hasta la llegada de los Chichimecas (1). Eran estos, como los Toltecas que les precedieron, y las otras naciones que les vinieron en pos, originarios de los países septentrionales; pudiéndose con razón llamar el Norte de América, como el de Europa, la almáciga del género humano. De uno y otro salieron, a guisa de enjambres, naciones numerosísimas a poblar las regiones del Mediodía. El país nativo de los Chichimecas, cuya situación ignoramos, se llamaba Amaquemecan, donde, según decían, los monarcas de su nación habían dominado mucho tiempo (2).

  Era singular, como parece por su historia, el carácter de los Chichimecas; porque á cierta especie de civilización, unían muchos rasgos de barbarie. Vivían bajo la autoridad de un soberano, y de los jefes y gobernadores que lo representaban: su sumisión no cedía a la de las naciones más cultas. Había distinción de plebeyos y nobles: los primeros estaban acostumbrados a reverenciar a los que eran superiores a su condición por el nacimiento, por el mérito o por la voluntad del príncipe. Vivían congregados en lugares compuestos, como debe creerse, de míseras cabañas (3); pero no se empleaban en la agricultura, ni en las artes compañeras de la vida civil. Se alimentaban de la caza, de las frutas y de las raíces que les daba la tierra inculta. Su ropa se componía de las toscas pieles de las fieras que cazaban, y no conocían otras armas que el arco y la flecha.

  Su religión se reducía al simple culto del sol, al que ofrecían la yerba y las flores del campo. En cuanto a sus costumbres, eran ciertamente menos ásperos y rudos, que lo que permite la índole de un pueblo cazador.

 Xolotl, primer rey de los chichimecas en el Anáhuac.

  El motivo que tuvieron para dejar su patria, es incierto, como también lo es la etimología del nombre Chichimecatl (4). El último rey que tuvieron en Amaquemecan, dejó dividido el gobierno entre sus dos hijos Achcauhtli y Xolotl. Este, o disgustado, como suele suceder al ver dividida su autoridad, quiso probar si la fortuna le deparaba otros países en que pudiera reinar sin rivalidad, o viendo que los montes de su reino no bastaban al alimento de los habitantes, cuyo número aumentaba, intentó remediar la necesidad mudando de residencia. Tomada aquella resolución por uno o por otro motivo, y hecho por los exploradores el reconocimiento de una gran parte de las tierras meridionales, salió de su patria con un gran ejército de sus súbditos, que o por afecto o por interés quisieron seguirlo. En su viaje iban encontrando las ruinas de las poblaciones Toltecas, y especialmente las de la gran ciudad de Tula, a la que llegaron después de diez y ocho meses de marcha. Dirigiéronse en seguida hacia Zempoala y Tepepolco, a distancia de cuarenta millas del sitio de México. De allí mandó Xolotl a su hijo el príncipe Nopaltzin á observar el país. El príncipe recorrió las orillas de los dos lagos y las montañas que circundan el delicioso valle de México, y habiendo observado el resto del país desde una elevación, tiró cuatro flechas a los cuatro puntos cardinales, en señal de la posesión que en nombre del rey su padre tomaba de toda aquella tierra. Informado Xolotl de las circunstancias del territorio, tomó la resolución de establecerse en Tenayuca, a seis millas de México, hacia el Norte, y distribuyó toda su gente en las tierras comarcanas; pero por haberse agolpado la mayor parte de la población hacia el Norte y hacia el Nordeste, aquellas tierras tomaron el nombre de Chichimecatlctli, es decir, tierra de los Chichimecas. Los historiadores dicen que en Tenayuca se hizo la revista de la gente, y que por eso se le dio el nombre de Nepohualco, que significa numeración; pero es increíble lo que dice Torquemada, a saber: que de la revista resultó mas de un millón de Chichimecas, y que hasta su tiempo se conservaron doce montones de piedras de las que ellos iban echando al pasar la reseña. No es verosímil que tan numeroso ejército se pusiese en camino para una jornada tan larga, ni parece posible que un distrito tan pequeño bastase a un millón de cazadores (5).

  Establecido el rey en Tenayuca, que desde entonces destinó para corte de sus estados, y dadas las órdenes oportunas para la fundación de las otras ciudades y villas, mandó a uno de sus capitanes, llamado Achitomatl, que fuese a reconocer el origen de ciertos ríos, que él había observado durante la expedición. Achitomatl encontró en Chapultepec, en Coyoacán y en otros puntos, algunas familias Toltecas, de las cuales supo la causa y la época de la destrucción de aquel pueblo. No solo se abstuvieron los Chichimecas de inquietar aquellos míseros restos de tan célebre nación, sino que contrajeron alianza con ellos, casándose muchos nobles con mujeres Toltecas, y entre ellos el mismo príncipe Nopaltzin se casó con Azcaxochitl, doncella descendiente de Pochotl, uno de los dos príncipes de la casa real de los Toltecas, que sobrevivieron a la ruina de su nación. Esta conducta humana y benévola produjo grandes bienes a los Chichimecas; pues con el trato de la laboriosa nación que los había precedido, empezaron a aficionarse al maíz y a otros frutos de su industria: aprendieron la agricultura, el modo de extraer los metales, el arte de fundirlos, el de trabajar las piedras, el de hilar y tejer algodón, y otras muchas, con cuyo auxilio mejoraron su alimento, su traje, sus habitaciones y sus costumbres.

Llegada de los Acolhitis y otros pueblos.

  No contribuyó menos eficazmente a mejorar la condición de los Chichimecas, la llegada de otras naciones civilizadas. Apenas habían pasado ocho años después del establecimiento de Xolotl en Tenayuca, cuando llegaron a aquel país seis personajes, que parecían de alta condición, con un séquito considerable de gente (6). Eran estos de un país septentrional, próximo al reino de Amaquemecan, o a lo menos no muy distante de él, cuyo nombre no dicen los historiadores; pero tenemos motivos para creer que era Aztlán, patria de los Mexicanos, y que estas nuevas colonias eran aquellas seis tribus célebres de los Nahuatlacas, de que hablan todos los historiadores de México, y de que luego haré mención. Es probable que Xolotl enviase a su patria el aviso de las ventajas de aquel país, donde se había establecido; y que esparcidas estas noticias entre las naciones circunvecinas, mucha s familias se decidiesen a seguir sus pasos, para ser partícipes de su felicidad. También puede pensarse que sobrevino una escasez en aquellas tierras del Norte, y que esta circunstancia obligó a muchos pueblos a buscar su sustento en las del Mediodía. Como quiera que sea, los seis personajes que vinieron a Tenayuca, fueron benignamente recibidos por el rey Chichimeca, el cual, informado del motivo de su viaje, y de su deseo de establecerse en aquellas regiones, les señaló tierras en que pudieran vivir y propagarse.

   Pocos años después llegaron otros tres príncipes con un grueso ejército, de la nación Acolhua, originaria de Teoacolhuaean, país vecino, ó no muy remoto del reino de Amaquemecan. Llamábanse estos magnates Acolhuatzin, Chiconcuauhtli, Tzmtecomatl, y eran de la nobilísima casa de Citint su nación era la más culta y civilizada de cuantas habían venido a aquellas tierras después de los Toltecas. Fácil es de imaginarse el rumor que produciría tan extraña novedad en aquel reino, y la inquietud que inspiraría á los Chichimecas tanta multitud de gente desconocida. No parece verosímil que el rey les permitiese entrar en su territorio, sin informarse antes de su condición y del motivo de su venida. Hallábase a la sazón el rey en Tezcoco, adonde había trasladado su corte, o cansado de vivir en Tenayuca, o atraído por la ventajosa situación de aquella nueva residencia. A ella se dirigieron los tres príncipes; y presentados al rey, después de una profunda inclinación, y de aquella ceremonia de veneración, tan común entre ellos, que consiste en besarse la mano, después de haber tocado con ella el suelo, le dijeron en sustancia: “Hemos venido, o gran rey, del reino de Teoacolhuacan, poco distante de vuestra patria. Los tres somos hermanos e hijos de un gran señor; pero instruidos de la felicidad de que gozan los Chichimecas bajo el dominio de un rey tan humano, hemos preferido a las ventajas que nos ofrecía nuestra patria, la gloria de ser vuestros súbditos. Os rogamos, pues, que nos deis un sitio en vuestra venturosa tierra, en que podamos vivir dependientes de vuestra autoridad, y sometidos a vuestros mandatos". Quedó muy satisfecho el rey, menos de la gallardía y de los modales cortesanos de aquellos nobilísimos jóvenes, que de la lisonjera vanidad de ver humillados a su presencia tres príncipes atraídos de tan remotos países por la fama de su poder y de su clemencia. Respondió con agrado a sus expresiones, y les prometió condescender con sus deseos; pero en tanto que deliberaba sobre el modo de hacerlo, mandó a su hijo Nopaltzin que alojase aquellos extranjeros, los cuidase y atendiese.

  Tenía el rey dos hijas en edad de casarse, y pensó darlas por esposas a los dos príncipes mayores; mas no quiso descubrir su proyecto, hasta haberse informado de su índole, y estar cierto de la aprobación de sus súbditos. Cuando quedó satisfecho sobre ambos puntos, llamó a los príncipes, que no dejaban de estar inquietos acerca de su suerte, y les manifestó su resolución, no solo de darles estados en su reino, sino también de unirlos en casamiento con sus dos hijas; quejándose de no tener otra a fin de que ninguno de los ilustres extranjeros quedase excluido de la nueva alianza. Los príncipes le manifestaron su gratitud en los términos más expresivos, y se ofrecieron a servirlo con la mayor fidelidad.

  "Llegado el día de las bodas, concurrió tanta muchedumbre de gente á Tenayuca, lugar destinado para la celebridad de aquella gran función, que no siendo la ciudad bastante a contenerla, quedó una gran parte de ella en el campo. Casóse Acolhuatzin con la mayor de las dos princesas, llamada Cuetlaxochitl, y Chiconcuauhtli con la menor. El otro príncipe se casó con Coatetl, doncella nacida en Chalco de padres nobilísimos, en los cuales se había mezclado la sangre tolteca con la chichimeca. Las fiestas públicas duraron sesenta días, en los cuales hubo lucha, carrera, combates de fieras, ejercicios análogos al genio de los Chichimecas, y en los cuales sobresalió el príncipe Nopaltzin. A ejemplo de la familia real, se fueron uniendo poco a poco en casamiento otras muchas de las dos naciones, hasta formar una sola, que tomando el nombre de la más noble, se llamó Acolhua, y el reino Acolhuacan. Conservaron, sin embargo, el nombre de Chichimecas, aquellos que, apreciando mas bien las fatigas de la caza que los trabajos de la agricultura, ó incapaces de someterse al yugo de la subordinación, se fueron a los montes que están al Norte del valle de México, donde abandonándose al ímpetu de su bárbara libertad, y viviendo sin jefes, sin leyes, sin domicilio fijo y sin las otras ventajas de la vida social, corrían todo el día en pos de las bestias salvajes, y se echaban a dormir donde les cogía la noche. Estos bárbaros, mezclados con los Otomites, que seguían el mismo sistema de vida, ocuparon un terreno de más de trescientas millas de extensión, y sus descendientes estuvieron muchos años molestando a los españoles después de la conquista de México" (1).

Notas dadas por Clavijero:

[1] En mi Disertación II contradigo á Torquemada, el cual no cuenta más que once años entre la ruina de los Toltecas y la llegada de los Chichimecas.

[2] Nombra Torquemada tres reyes Chichimecas de Amaquemecan, y da al primero 180 años de reinado, al segundo 156, y al tercero 133. Véase lo que digo en mi segunda Disertación sobre la desatinada cronología de aquel autor. El mismo afirma positivamente que Amaquemecan distaba seiscientas millas del sitio en que hoy se halla Guadalajara; pero en más de mil y doscientas millas de país poblado que hay más allá de aquella ciudad, no se encuentra vestigio ni memoria del reino de Amaquemecan; por lo que creemos que este país, aun no conocido, es mucho mas setentrional que lo que se imagina Torquemada.

[3] Torquemada dice que los Chichimecas no tenían casas, sino que habitaban en las cavernas de los montes; pero en el mismo capítulo afirma que la ciudad, capital de su reino, se llamaba Amaquemecan: grosera y manifiesta contradicción, á menos que Amaquemecan fuese una ciudad sin casas, o que haya ciudades compuestas de cavernas. Este defecto es mu y común en aquel autor, apreciable bajo otros aspectos.

[4] Torquemada dice que este nombre se deriva de Techickimani, que quiere decir chupador, porque chupaban la sangre de los animales que cogían. Pero esta etimología es violenta, mayormente entre aquellos pueblos que no alteraban tanto los nombres. Betancourt creé que se deriva de Chichime, que significa perro, nombre que les daban por burla otros pueblos; pero si así fuera, ellos no se gloriarían, como se gloriaban en efecto con el nombre de Chichimecatl. 

[5] Torquemada dice que el país ocupado entonces por los Chichimecas tenía veinte leguas, o sesenta millas de largo.

[6] Los nombres de estos caudillos eran: Tecuatzin, Tzontehuayotl, Zacatitechc.

Fuente de la obra:

Clavijero, Francisco Javier. Historia antigua de México. Tomo I. Imprenta de Lara. México, 1844. pp. 54-57


martes, 21 de marzo de 2017

Antes y ahora: El convento de San Francisco en Guadalajara

 Guadalajara, 1780 ca. El convento franciscano era, al igual que el de la ciudad de México, un espacio enorme que incluía, además de la "casa", es decir, el propio convento, el templo principal, dedicado a San Francisco, y seis capillas, tres de ellas de considerable tamaño, dedicadas a la Virgen de Aranzazu, San Roque y San Antonio. Las otras tres eran las del Calvario, Cenáculo y la del Santo Sepulcro, que era doble ya que en la planta alta estaba la del Noviciado. Una cruz atrial se levantaba al centro del recinto.

  Guadalajara 2017. Solamente sobreviven el Templo de San Francisco, del lado izquierdo y la capilla de Aranzazu a la derecha, el resto fue demolido poco a poco como consecuencia a la Ley Lerdo que en su momento fue aplicada. El que era el acceso principal al recinto, en donde había un arco, es actualmente la avenida 16 de Septiembre.

Para leer buena parte de la historia del convento franciscano de Guadalajara, entra aquí.

lunes, 20 de marzo de 2017

De animales en nuestra vida cotidiana

  Sea para comerlos que para compañía o como ayuda en el trabajo los animales han estado presentes desde (dirían algunos religiosos) la creación del mundo o, dirían los científicos, desde la evolución de las especies. Es por eso que los vemos presentes en todos lados y reproducidos como objetos decorativos o como símbolos religiosos, ni que decir de símbolos de nacionalismo como el águila. Así que, con esta idea, iniciamos el ejercicio fotográfico de hoy en el que el tema central son ellos, los animales.

  El puerquito es el atributo que identifica San Antonio Abad.

El cordero, imprescindible en los templos católicos.

La piñata tradicional incluye algunos modelos de animales.

Chapulín hecho con hojas de palma.

Pez Vela, guajolote, cisnes y algunos más para los nacimientos.

Animales de peluche en una tumba.

Un escondido chapulín, símbolo de Chapultepec.

San Juan Bautista y su borrego.

Una codorniz en espléndido Menú porfiriano.

Unos patos migrantes.

Una garza

Un gato con impresionantes ojos azules.

Chivos en estampida.

El burro.

La paloma.

Un perro.

Pavos reales.

Un perro en el llamado (por los carmelitas) "oficio humilde".

Un cerdo.

Una pareja de guajolotes en pleno cortejo.

Quizá sea campamocha.

Caballo.

Chivos, cabras... aries.

Gallinas.

Vacas

Avestruz.